lunes, 29 de agosto de 2011

Bibliografía sobre la guerra sucia y los movimientos armados actualizada

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miércoles, 17 de agosto de 2011

Amenaza en contra de académica y activista de derechos humanos Adela Cedillo

Desde 2004, cuando inicié mi trabajo de documentación sobre violaciones graves a los derechos humanos cometidas por el Estado mexicano durante la llamada "guerra sucia", he sido objeto de seguimiento, rumores y difamaciones de forma constante. El seguimiento por parte de algún organismo de inteligencia ha sido evidente pero hasta la fecha no ha desembocado en una acción directa contra mi persona. Por su parte,  organizaciones que se dicen defensoras de derechos humanos y que en los hechos se han dedicado a construirse una imagen pública y a lucrar con el dolor de las víctimas, han llevado a cabo una campaña secreta de infundios sin sustento acerca de mí. Para cualquier persona que valore los hechos desde fuera, sin tomar partido, sería evidente que estoy entre la espada y la pared, en una situación compleja y desfavorable.
A raíz del asesinato de Isabel Ayala, viuda de Lucio Cabañas, he decidido hacer pública una amenaza indirecta que recibí en mayo del 2011. Debido a mi cercanía con Micaela Cabañas Ayala, temo que tal amenaza esté vinculada con el trágico homicidio de su madre y su tía.
Esta amenaza se da en un clima de enrarecimiento e inseguridad generalizados. Mi intención es enviar un mensaje claro a las personas que pudieran estar detrás de la amenaza y que con la cobardía y la bajeza que las caracteriza actúan con sigilo y en la impunidad. A los servicios secretos, policíacos o militares, quiero notificarles que no cejaré en mi empeño en buscar la verdad y la justicia para las víctimas de la guerra sucia de los setenta y de la actual y absurda "guerra contra el crimen organizado". Pierden su tiempo rastreando una actividad que no sólo es legal sino necesaria, dados los monstruosos niveles de impunidad que caracterizan este país.
A las organizaciones que han pretendido monopolizar el tema de los desaparecidos de la guerra sucia para hacer de ello un modus vivendi, erigiéndose como los representantes de  todas las víctimas, cuando en los hechos han hecho poco o nada nada para mitigar su sufrimiento, quiero decirles que a partir de ahora me defenderé públicamente de cualquier ataque encaminado a manchar mi honorabilidad o la de cualquier persona que haya asumido un compromiso honesto y profundo con los agraviados. Su actitud sólo es muestra de la perversidad con la que acompañan al Estado en su trabajo de dividir a la sociedad civil que se organiza.
A continuación, reproduzco la relatoría de hechos que he remitido a organismos institucionales de derechos humanos. El objetivo de esta denuncia es dejar constancia de lo sucedido y manifestar el temor por mi seguridad.  Omito los nombres de mis testigos para protegerlos, así como el de ciertas personas u organizaciones, previendo que, a manera de contraataque, quisieran acusarme de lo que mejor saben hacer: proferir calumnias y difamaciones. 


Relatoría de hechos sobre amenaza indirecta en contra de la C. Adela Cedillo Cedillo

Yo, Adela Cedillo Cedillo, con domicilio para oír y recibir notificaciones en XXXXXXXXXX hago constar que:
El 8 de mayo de 2011 encontré casualmente en una marcha al c. XXXXXXXX, quien había regresado a vivir al DF después de una estancia de varios meses en la ciudad de Atoyac, Guerrero. El c. XXXXX me comentó que tenía la intención de buscarme porque estaba preocupado por mí, debido a que en una reunión de varias organizaciones sociales de Guerrero había escuchado decir la frase que reproduzco a continuación: “hemos investigado a Adela Cedillo y hemos llegado a la conclusión de que es policía.” El c. XXXXX dice que trató de defenderme, alegando que él me conocía y que tal cosa era falsa,  a lo que las personas reviraron: “Que a Adela Cedillo ni se le ocurra poner un pie en Guerrero o que se atenga a las consecuencias”. Temiendo por su propia seguridad, el c. XXXXX se negó a darme los nombres de las personas u organizaciones que habían proferido tal amenaza.

Antecedentes
En mi calidad de historiadora profesional, a partir de 2004 inicié una investigación académica sobre la etapa conocida como guerra sucia, misma que me vinculó con numerosos familiares de víctimas de desaparición forzada. De forma voluntaria, comencé a apoyar a tales familias en la documentación de sus casos, las alenté a que interpusieran denuncias ante la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP) de la PGR, y en algunos casos fui nombrada coadyuvante de las averiguaciones previas.
A partir de que inicié este trabajo con las víctimas, escuché decir a varias personas que el sr. Mario Ramírez Salas, por entonces director de Atención y Vinculación Ciudadana de la FEMOSPP, aseguraba ante representantes de organizaciones de familiares de desaparecidos que yo trabajaba para la PGR, mostrando incluso papeles que a su decir probaban tal hecho. El sr. Ramírez hacía alusión a recibos de viáticos que me proporcionó la institución en dos ocasiones para acompañar a los agentes del ministerio público a hacer diligencias relacionadas con las averiguaciones de las que yo era coadyuvante. Sin embargo, yo jamás trabajé para la FEMOSPP y mucho menos recibí ninguna remuneración por mi trabajo con los denunciantes. Por el contrario, como parte de mi labor fui cofundadora de la Asociación Civil “Nacidos en la Tempestad”, para asesorar a familiares de víctimas de la guerra sucia.
Pese a todo lo anterior, organizaciones como XXXX, XXXXX, XXXXX, le tomaron la palabra al sr. Ramírez y comenzaron a esparcir el rumor de que yo era “policía”. Debo aclarar que yo no fui la única persona afectada por las calumnias, puesto que el sr. Ramírez siempre utilizó su puesto para exhibir a las personas que habían recibido viáticos de la FEMOSPP, a quienes también se les acusó injusta y difamatoriamente. Es claro que el objetivo del sr. Ramírez era causar división en el seno de las organizaciones que defienden a los desaparecidos y obstaculizar su lucha por la verdad y la justicia.
Es preciso señalar que el 10 de julio de 2011 me encontré al sr. Ramírez en una conferencia de prensa a la que había convocado la familia Cabañas por el caso del asesinato de Isabel Ayala, y cuando trató de saludarme lo increpé, diciéndole que él había sido el autor del rumor de que yo era policía y que por lo tanto había puesto en riesgo mi integridad, a lo que este individuo únicamente se limitó a decir: “por algo sería”. La señora XXXXXX fue testigo del diálogo que sostuve con el sr. Ramírez. Hasta donde tengo entendido, el sr. Ramírez trabaja como asesor en la Secretaría de Desarrollo Rural de Guerrero en la actualidad.
A partir de estos acontecimientos, intenté un acercamiento con las organizaciones de las que tenía conocimiento que habían reproducido el rumor salido de la oficina del sr. Ramírez. Ninguna contestó mis comunicaciones, excepto el sr. XXXXX del XXXXX, quien lamentó y reprobó la amenaza que recibí.

Consideraciones
El gobierno se ha caracterizado por hacer uso de diversas estrategias contra los luchadores sociales y los defensores de derechos humanos. Como parte de tales artilugios, ha infiltrado a agentes secretos en las organizaciones sociales y ha utilizado todo género de rumores para desprestigiar a sus integrantes o para llevarlos a confrontarse entre sí. Por tanto, el rumor de que soy “policía” y la amenaza contra mi integridad tienen un origen muy probable en los servicios de inteligencia.
La amenaza contra mi integridad se produjo dos meses antes del asesinato de Isabel Ayala. Sobre este punto, quiero aclarar que en el 2007 invité a Micaela Cabañas Ayala a pertenecer a Nacidos en la Tempestad A.C. y desde entonces hemos colaborado en diversas actividades. Por lo anterior, no descarto que la amenaza referida fuera parte de un fino trabajo de inteligencia dirigido contra Micaela Cabañas y su círculo de familiares, amigos y compañeros de activismo.


martes, 28 de junio de 2011

Una temible historia cíclica: de Doña P. al poeta S.

En 1975, en plena guerra sucia del Estado contra la izquierda armada, la señora P. sufrió la desaparición de su hijo y desde entonces no ha parado de buscarlo. Simultáneamente, otras familias de víctimas de la desaparición forzada y pequeños comités de solidaridad con los presos políticos comenzaron a articularse, hasta que en 1977 dieron vida al Comité nacional pro-defensa de presos, perseguidos, desaparecidos y exiliados políticos. La señora P. se integró al movimiento cuando éste ya estaba en curso, sin embargo, ha pasado a la historia como su principal promotora y dirigente. A diferencia de otros familiares de desaparecidos, que fueron sistemáticamente ignorados, la señora P. desde el principio fue aceptada como una interlocutora válida por el régimen, debido a su posición social y a su red de contactos. Paulatinamente, sin haber sido elegida por nadie, la señora se convirtió en la líder indiscutida del movimiento por la presentación de los desaparecidos. En los primeros comunicados y desplegados en la prensa, las doñas -como empezaron a ser conocidas- pedían cosas como la devolución de los cadáveres de sus hijos, no obstante, ante la liberación de algunos desaparecidos que tenían meses e incluso más de un año presos clandestinamente, la demanda central se decantó por la presentación con vida de todos los desaparecidos. Este reclamo se ha mantenido impermeable a lo largo de tres décadas, más como un referente moral que como una verdadera apuesta por encontrar a los desaparecidos.
El movimiento cobró una gran fuerza y legitimidad, era apoyado unánimemente por las múltiples fuerzas que componían el espectro de la izquierda, levantó grandes expectativas y tuvo un logro sin precedentes: la promulgación de la Ley de Amnistía en 1978, en beneficio de centenares de presos, perseguidos y exiliados políticos. No obstante, este capital político y moral fue dilapidado cuando la señora P. eligió hacer carrera política, aliándose con el trotskista Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) para contender por la presidencia en 1982. Huelga decir que el resto de la izquierda desde entonces le dio la espalda al Comité Nacional.
El Comité sufrió también una severa fractura en 1978, cuando un nutrido grupo de familiares de desaparecidos de origen rural, encabezados por activistas de Oaxaca, se escindieron por no estar de acuerdo con la tibieza de las posturas de la señora P. y con su dirección antidemocrática, así como por la falta de transparencia en el manejo de las finanzas del movimiento. Este grupo, que adoptó el nombre de Comité Independiente, era partidario de la acción directa, por lo que promovió la toma de embajadas en demanda de la presentación de los desaparecidos. De esta manera, el recién nacido movimiento por los derechos humanos en México tuvo desde temprana edad la división entre "radicales" y "reformistas" que lo ha caracterizado hasta la fecha.
Los "radicales" fueron satanizados por la prensa, ignorados por la clase política y considerados como víctimas de segunda, mientras los "reformistas" fueron siempre recibidos por el presidente en turno y sus secretarios de estado. Debido a su enorme carisma, elocuencia, capacidad para negociar y tejer alianzas, la señora P., con un poco de ayuda de los medios, se convirtió en el símbolo de la lucha contra la represión. Doña P. aprovechó su situación como víctima, emblema y líder para descalificar a todos los que no estaban de acuerdo con ella, para invisibilizar y neutralizar a sus enemigos y para acallar a sus críticos. Al mismo tiempo, se posicionó fuertemente en la política partidaria: fue diputada en 1985, candidata a la presidencia por segunda ocasión en 1988 y senadora a partir de 2006. Jamás impulsó una ley nacional contra la desaparición forzada y bloqueó todas las iniciativas al respecto. Para ser una pobre ama de casa ajena a la política -como ella misma se describía- tenía una capacidad desbordada para operar con un maquiavelismo finísimo.
La señora P. pasará a la historia como la madre de la lucha por los derechos humanos en México y como un icono moral de la izquierda. El PRD la ha impulsado enormemente para lavar su mala conciencia por no haber hecho nunca nada serio para reivindicar a las víctimas del terrorismo de Estado. En la derecha, sólo algunos personajes oscuros se refieren a ella irrespetuosamente como una momia vividora y oportunista. Tan grande es su halo que ningún político panista o priísta importante se ha atrevido a embestirla. Quienes la criticamos desde la izquierda independiente, hemos sido víctimas de linchamiento por parte de sus allegados, quienes por cortesía de doña P. han obtenido casas y empleos bien remunerados en la función pública. Además, ellos también han tenido la procacidad de acusar a muchísimas otras personas que han dado la lucha por los desaparecidos desde otras trincheras de ser policías infiltrados en el movimiento. Así las cosas, imposible cuestionar por qué Doña P. nunca ha promovido iniciativas de ley específicas sobre la desaparición forzada, cómo ha administrado los fondos que generosamente le han brindado organizaciones europeas, por qué se aferra a posiciones que no tienen ninguna salida jurídica, en qué se ha beneficiado la lucha por los desaparecidos de la carrera política que ha hecho a costa de este tema o por qué si su compromiso es con los de abajo, prefirió aliarse con AMLO que mantener su apoyo a los zapatistas.
En lo personal, me entristece que la señora P. sea vista como la única que ha hecho algo, como la única capaz de levantar un movimiento, como la única que pudo continuarlo y como una figura imprescindible. En los hechos, ha pretendido detentar un monopolio sobre el dolor, sobre las víctimas y sobre la causa de los desaparecidos. Su legitimidad se deriva de hablar siempre a nombre de las víctimas, aunque en los hechos su comité esté conformado por no más de diez familiares. Su caudillismo hizo un daño terrible al movimiento, porque claramente un pequeño grupo se benefició y el resto (más de mil víctimas), despolitizadas o escasamente organizadas, quedaron en una posición extremadamente vulnerable, al negárseles la calidad de interlocutores legítimos.
A partir del linchamiento que el grupo de la señora P. ha hecho de mi persona, he vivido con la amenaza velada de que si me atrevo a hacer públicas mis críticas se me hará la guerra. Bien, en tiempos de una guerra de verdad, esa amenaza me tiene sin cuidado. Dentro de las pocas convicciones metafísicas que conservo, atesoro la idea de que sólo la verdad es revolucionaria. En estos días, en que un poeta ha causado revuelo con los increíbles bandazos que ha dado, veo un paralelismo que me asusta. He visto antes esta historia y sus resultados. Ojalá, por el bien del movimiento, el poeta S. se vea en el espejo de doña P. y rectifique. Es mi deseo más profundo que los críticos del poeta S. no sean visto como unos radicales alucinados incapaces de levantar un movimiento por su propia cuenta, y que quienes representan los otros rostros del movimiento no sean considerados como víctimas de segunda, sin derecho a hacer valer sus demandas. Si el objetivo de lograr la paz y la justicia es genuino y honesto, no habrá diferencias irreconciliables que puedan sabotearlo. Pero si se imponen las agendas personales, entonces sí, pensaré que Doña P., además de todo lo que ha logrado para su persona y sus incondicionales, también ha legado un estilo y una escuela sobre cómo aprovecharse de un movimiento legítimo.

martes, 21 de diciembre de 2010

Sobre el secuestro de Diego Fernández de Cevallos y los exmisteriosos desaparecedores

"Tomarlo prisionero, exhibirlo y obligarlo a devolver una milésima de lo robado constituyó además un golpe político a la plutocracia y a sus instituciones; una demostración de la voluntad de lucha y de la capacidad operativa de los descalzonados, como él nos denomina; una demostración de que nadie, por poderoso que sea, puede ser intocable; una demostración de que con unidad de acción se puede doblegar la voluntad del enemigo y combatir la impunidad". 
                                                                                                                                                      Red por la Transformación Global


El 20 de diciembre, tras siete meses de cautiverio, fue liberado Diego Fernández de Cevallos (DFC), uno de los políticos más poderosos de México, pieza clave de la narco-oligarquía y uno de los artífices del Estado privatizado y privatizador. La larga estela de rumores y especulaciones que desató su secuestro, el 14 de mayo del presente, sacó a flote todas las características del imaginario colectivo de la sociedad mexicana, a un punto tal en que, el comunicado en el que los "exmisteriosos desaparecedores" dieron a conocer su identidad y los móviles del secuestro, ha pasado a último plano al lado de las teorías de la conspiración que proliferan en las redes sociales, el periodismo aficionado y los poco profesionales medios de comunicación. La atmósfera está tan enrarecida que incluso la gente crítica descree del plagio y de su calidad política. Esto no es, de ningún modo, gratuito, por el contrario, es el índice más puro e inmediato del absoluto escepticismo de la sociedad respecto a las versiones oficiales del gobierno y la prensa. Nos han mentido y manipulado hasta el cansancio, su credibilidad es absolutamente nula. Se han burlado tantas veces de nosotros que vemos cortinas de humo, distractores, intenciones perversas y planes maquiavélicos hasta detrás de las más simples coincidencias. Estoy convencida de que este es el caso. Las organizaciones clandestinas por lo general tienen una agenda paralela a la que se maneja en la esfera pública y por consiguiente sus acciones son interpretadas erróneamente o provocan efectos contraproducentes. Los secuestradores de DFC no podían preveer que las fechas en que programaron la liberación coincidirían con el atroz asesinato de la heroica activista Marisela Escobedo, las agresiones a su familia y la explosión de ductos de PEMEX en San Martín Texmelucan, hechos todos ocasionados por la negligencia, la corrupción y la irresponsabilidad criminal de las autoridades de todos los niveles. Al respecto, no puedo evitar evocar el año de 1978, cuando la Liga Comunista 23 de Septiembre asesinó por accidente a Hugo Margáin Charles, en un intento de secuestro. Todo mundo pensó que intentaban sabotear la huelga de hambre que sostenían las madres de los desaparecidos en la Catedral Metropolitana. Nada más incorrecto, pero las agendas eran, en definitiva, incompatibles.
Como alguien que se especializa en el estudio de las organizaciones armadas, me propongo defender la autenticidad del comunicado, analizar las características del grupo autodenominado Red por la Transformación Global y visualizar cómo se inserta este acontecimiento en la actual coyuntura política. 
Desde la década de los setenta, el secuestro de magnates ha sido uno de los métodos clásicos de las guerrillas urbanas y rurales para hacerse de recursos. Los secuestros políticos se han sucedido con pocas interrupciones año con año, desde el lejano 1971 en que el Frente Urbano Zapatista secuestrara a Julio Hirschfield Almada, Director de Aeropuertos y Servicios Auxiliares -por quien el presidente Luis Echeverría pagó la cifra espectacular de tres millones de pesos de la época- hasta la actualidad. 
Los indicios con los que los desconfiados pretenden convencernos de que no hubo ningún secuestro en el caso de DFC y que todo fue una simulación para posicionarlo como candidato presidencial, son extremadamente endebles. Se preguntan por qué Diego tenía el cabello recortado, lucía limpio y saludable y con buen semblante en general (pese a su barba de profeta bíblico). La lógica elemental nos dice que, alguien cuya vida estaba cifrada en $30 millones de dólares, debía ser tratado con cuidados extremos de parte de sus captores. Por otro lado, de acuerdo con sus códigos internos, las organizaciones político-militares deben mostrar en cada acción superioridad moral frente al enemigo. Así, no podían darse el lujo de propinar al secuestrado el mismo trato de los militares hacia las personas detenidas-desaparecidas en el Campo Militar No. 1, por ejemplo. No podían torturarlo ni someterlo a tratos crueles, inhumanos y degradantes, porque eso podría haberlo puesto en peligro de muerte. Lo que me parece contundente para establecer que DFC estuvo siete meses encerrado en una casa de seguridad (o a lo más, en un par de casas) es su lentitud para caminar. Debió tener pocas oportunidades de hacer recorridos a pie. Y sin embargo, como toda persona que ha pasado por un cautiverio largo, debió tener unas ganas locas de correr que, por su senilidad, suplió por las de manejar. Que por qué no luce como una persona traumatizada, que por qué manifiesta bastante autocontrol, etc. son algunas de las preguntas que presuntamente no encajan con la versión del secuestro. Yo insisto: había que preservar su salud física y mental, debido a que la familia mostró muchas dudas para pagar el rescate. Bastaba con que el exsenador enfermara gravemente o enloqueciera para que la familia desistiera de recuperarlo.  Los secuestradores se quejaron en un par de ocasiones de la lentitud de la respuesta y advirtieron que Diego había caído en depresión. Y es que, a ninguna organización armada le conviene tener una bomba de tiempo hibernando en una casa de seguridad. Por eso, plagiado y plagiarios coinciden en el respeto a la integridad física que prevaleció en todo momento. Así tenia que ser.Y Diego, al que no se le podía ver ni un rasguño, debió elegir de motu propio la barba larga como constancia de sus largos meses de encierro.
Los "misteriosos desaparecedores", que resultaron ser una más misteriosa aún "Red por la Transformación Global" (RTG), fueron asombrosamente cuidadosos en todos los detalles. Ambos operativos (secuestro y liberación), fueron impecables y el hecho de no dar a conocer los móviles políticos de la acción desde el inicio, permitió que se barajaran distintas líneas de investigación (ajustes de cuentas entre grupos de poder, participación del crimen organizado, etc.). Eso permitió que los secuestradores y sus posibles contactos estuvieran al margen de la pesquisa judicial. Imaginemos por un momento que desde el principio se hubieran reivindicado como grupo armado: se hubiera desatado una feroz cacería de brujas contra la izquierda radical y, de paso, se hubiera intentado embarrar a la institucional, como una estrategia sucia y nada novedosa del gobierno. 
La capacidad operativa mostrada por la RTG es extraordinaria y así debe ser su infraestructura. No improvisaron nada, no son novatos ni aficionados. Este no debió ser su primer secuestro. La precisión, el cálculo, la disposición a la espera larga, etc. los llevaron a dar un golpe maestro. No se puede decir lo mismo de su estrategia de comunicación, ya que ésta no ha tenido el impacto que debieron haber esperado, en la medida en que se duda de la autenticidad de la RTG y su discurso. Los que sí aceptan que hubo un secuestro, los acusan de ser vulgares plagiarios con una fachada política y éstos no pueden probar lo contrario porque son clandestinos y deben proteger su seguridad ante todo. Por ello, yo les otorgo el beneficio de la duda.
Quizá algunos integrantes de la RTG tienen una experiencia de años en la clandestinidad y provienen de otros grupos o membretes. Su nombre contrasta con los tradicionales grupos comunistas, revolucionarios y de liberación nacional de los setenta. Y su retórica es ajena a la de los grupos activos más característicos: EPR, TDR, ERPI, etc. Aún si su origen fuese socialista, están más cerca del posmodernismo de izquierda del EZLN que de cualesquiera otra expresión del tradicional guerrillerismo latinoamericano. Eso me hace suponer que en el seno de la RTG hay individuos jóvenes, con ideas y propuestas nuevas. Asimismo, su énfasis en lo global evidencia sus vínculos con el exterior. Es probable que tengan la asesoría de organizaciones similares extranjeras, que también los ayudarían a resolver el problema de cómo administrar treinta millones de dólares sin ser detectados. 
Acostumbrados como estamos a las "guerrillas fósiles" de los setenta, como las llama el régimen, o a las "guerrillas mediáticas", más inofensivas que una mosca, como también piensa el Estado del EZLN, nos hace corto circuito la idea de esta guerrilla híbrido, que actúa con las tácticas del pasado y una ideología renovada. Es hora de aceptar que estamos ante un fenómeno novedoso. Si bien, desde mi punto de vista, no se puede hablar del asunto sin evaluar lo que ha pasado con los movimientos armados en México en los últimos 45 años (contando desde el asalto al cuartel Madera en 1965). Ese balance está pendiente. Lo único que puedo asegurar es que las vanguardias armadas, aún cuando estén integradas por gente arrojada, valiente y abnegada, tienden al fracaso cuando se desconectan de los movimientos sociales. Esa falta de mediaciones le costó muy caro a los grupos armados de los setenta: la izquierda abierta los veía como "apóstoles de caverna" y no faltó quien les endilgara el título de provocadores a sueldo de la CIA. Desgraciadamente, se trataba de la gente más comprometida con las transformaciones profundas que el país necesitaba. Cuando fueron exterminados nadie lloró por ellos, el Estado dijo que eran terroristas y que merecían ser descuartizados en la tortura y tirados al mar y la gente, con su silencio, le dio la razón. Así, perdimos a una valiosa generación de luchadores sociales que nos hizo mucha falta para construir un mejor país. En contraparte, los policías y militares expertos en contrainsurgencia fueron premiados con la administración del negocio del narcotráfico por sus labores de "limpieza política". La sociedad está pagando muy caro su indiferencia ante los crímenes de lesa humanidad que se cometieron contra los guerrilleros y sus bases de apoyo, pero esa es otra historia. Al respecto, será interesante analizar la hipótesis de la correlación entre el caso Irán-contras y el crecimiento exponencial del narcotráfico en México que ofrece la RTG.
Entre los que se esmeran por denostar la acción del RTG, se escucha decir que el comunicado en tres partes es de una gran pobreza intelectual (http://mx.groups.yahoo.com/group/redporlatransformacion/)
En mi opinión, hay un claro manejo de un lenguaje de impronta académica: sin faltas de ortografía, con una sintaxis en general correcta, un léxico por arriba del promedio y un afán explicativo de la realidad social. El discurso no va dirigido ni a la intelectualidad exquisita ni a obreros y campesinos. La izquierda clasemediera parece ser el destinatario idóneo, pues el diagnóstico que la RTG hace sobre el país coincide punto por punto con lo que muchos expresamos en redes sociales y blogs. La crítica a la mafiocracia, al narcoestado, a las corporaciones trasnacionales, a la tiranía de las minorías sobre las mayorías, a la polarización socioeconómica, a la violencia estructural, social y cultural, a la desciudadanización y a la falta de democracia y el imprescindible rosario de males sociales que nos aquejan, son ideas que circulan de forma recurrente en diversos espacios, reales y virtuales. Lo que no es nada claro en el comunicado es el pronóstico. Contrariamente a lo que la gente siempre espera, la RTG no nos dice qué hacer ni cómo hacerlo. Su discurso no contiene elementos programáticos ni ofrece un proyecto de nación. Se queda al nivel de la defensa de los valores humanitarios, de la vida digna, del poder popular (reminiscencia del maoísmo mexicano de los setenta y ochenta) y del uso legítimo de la violencia. Los he calificado como posmodernos de izquierda porque sostienen la idea de que las distintas luchas (abiertas y clandestinas) pueden producir el anhelado cambio social. No se trata de la lucha de clases ni del proletariado como sujeto histórico. Somos nosotros, todos, los que nos organizamos en cada trinchera y nos convertimos en multitud dispuesta a tomar por asalto el imperio, ¿no?
La defensa de la violencia como recurso que hace la RTG es muy abstracta. En general, el tono del comunicado es más sociológico que histórico, a diferencia del discurso del EZLN, si bien, el uso del lenguaje con tintes poéticos es semejante. Considero que les hizo falta una justificación política más concreta del secuestro. En una era donde los mexicanos estamos hartos de que nos llamen por teléfono para simular el secuestro de un familiar, odiamos la extorsión y tememos al plagio, es difícil encontrar alguna. El secuestro de cualquier ser humano es moralmente inaceptable, sin embargo, tratándose de un personaje tan despreciable y que ha hecho tanto daño a la nación, la mayoría de la gente se congratuló del hecho y algunos clamaron incluso por su eliminación ("no lo devuelvan, les pagamos para que se lo queden"), para conocer así la justicia que siempre nos han negado a los de abajo. Y la RTG no supo qué hacer con eso, porque antes que todo estaba el interés instrumental por el monto del rescate. La disyuntiva aparentemente no era fácil: o se hacía justicia popular o se le sacaba el máximo provecho. Si hemos de creer en las intenciones revolucionarias de la RTG, no habría paradoja más perfecta que financiar un movimiento armado con el dinero que uno de los políticos más corruptos de nuestra historia ha robado al país. Los de la Red demostraron ser hombres y mujeres de palabra, pues bien podrían haber cobrado el rescate y ajusticiado a DFC, conjurando así el peligro de una venganza mayúscula por parte de éste. Lo liberaron porque tienen principios. Si actuaran como los cárteles o como el Estado mismo, no habría sido así, o al menos lo hubieran devuelto sin orejas, sin lengua o sin dedos.
Lo último que quiero resaltar del comunicado son las revelaciones que ofrece. DFC defendió a la empresa MetMex Peñoles contra las madres de más de once mil niños envenenados por la contaminación ocasionada por la fundidora en Torreón, Coah. ¿Por qué ningún medio cita este caso al hablar del curriculum del panista? Tampoco se había puesto énfasis en el papel de DFC en el restablecimiento de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, o su función como interlocutor entre distintos grupos de oligarcas y narcotraficantes. Señores de la RTG, sería interesante que ofrecieran al público las confesiones filmadas de DFC. Los que tenemos dignidad y memoria histórica, sabremos aprovecharlas.
La descalificación de periodistas y aficionados hacia la RTG es una reedición de la histeria que provocaban las acciones de los grupos armados en los setenta. En aquellos años se hablaba de fanáticos delirantes o  resentidos sociales que estaban extraviados ideológicamente y demás. Hoy escuchamos los mismos adjetivos, la misma ridícula acusación de que los guerrilleros lo ven todo como una lucha entre ricos y pobres. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Es más fácil condenar a un grupo de ciudadanos que ha dicho "¡Ya Basta!" a su manera que al gobierno que prostituye las instituciones y nos pone a todos los mexicanos al borde de la extinción. De acuerdo, concediendo que la lucha armada no es la vía, ¿qué hacemos contra un Estado que es inviable, que no cumple con ninguna de sus funciones y que nos orilla a los mexicanos a hacernos justicia por nuestra propia mano? Más que descalificar los esfuerzos de los que sí luchan y se organizan, deberíamos estar pensando en qué hacemos nosotros para no entregar un país totalmente destruido a las futuras generaciones.
Muy a su manera, los de la Red fueron los únicos que conmemoraron el Bicentenario y el Centenario con actos que trascendieron a la retórica. Su acción no tuvo el efecto que ellos esperaban. Desgraciadamente, en los últimos cuarenta años, la sociedad mexicana no ha estado a la altura de sus luchadores sociales. Y esto, en mi humilde opinión, se debe a que el trabajo político más importante no es el de pretender conquistar a las masas con acciones espectaculares, sino el más modesto y cotidiano de instrucción, concientización y politización.
Así, el secuestro de la RTG se inserta en un gran vacío sociopolítico, en el hartazgo y el escepticismo social respecto a las posibilidades de la violencia y en un nihilismo generalizado. Sin embargo, para la gente pensante, con ganas de participar, sus ideas y su provocación son un reto para pensar en el futuro que podemos construir. Ya el tiempo dirá si la RTG es un grupo congruente con los principios que dice defender, si son una fachada o si engrosarán tristemente las filas de las vanguardias armadas exterminadas por el Estado.